Novena en honor a San Pedro de Alcántara

Oración Preparatoria

     Dios y Señor nuestro, que nos dais en vuestros Santos admirables ejemplos de virtudes, y que en el bienaventurado San Pedro de Alcántara nos presentáis un modelo acabado de oración, de humildad, de penitencia y de caridad ardiente; haced que nosotros nos esforcemos por imitarle en tan eximias disposiciones, para que, practicando un gran amor a Dios y al prójimo (1 Corintios 13, 1-13), unido a la Cruz o mortificación (Lucas, 14, 27) y vida de oración, o piedad (Mt., 26, 41), que son importantísimos medios para salvarnos, consigamos, como San Pedro, llegar a la mayor perfección o santidad en la tierra y después a la más excelsa gloria eterna en el Cielo. Amén.

Día Primero

     Glorioso San Pedro de Alcántara, que sintiendo en tu alma un hambre grande de Cielo, supiste renunciar a todas las riquezas y goces del mundo, danos fuerza y decisión para apartar de nosotros cuanto dificulta nuestra futura salvación. Amén.

     (Récese un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, y luego pídase la gracia que se desea alcanzar).
(Y por último dígase el Responsorio y la Oración Final).

Día Segundo

     Admirable San Pedro de Alcántara, que esforzándote día tras día, fuiste labrando en tu alma la efigie de una gran santidad, enséñanos a todos a ser verdaderos santos, llevando una vida prácticamente cristiana o en gracia de Dios. Amén.

Día Tercero

     Penitentísimo San Pedro de Alcántara, tú que tuviste siempre la convicción de que sin mortificación nadie se ve libre de pecados, fortalece nuestro ánimo para que sepamos imitar decididamente tu esforzado espíritu de sacrificio. Amén.

Día Cuarto

     Devotísimo San Pedro de Alcántara, cuyos fervores en la oración te arrastraron cientos de veces al éxtasis y los arrobamientos, mueve nuestra alma, hacia la práctica de toda buena obra y ayúdanos en las sequedades de espíritu y en todas las contradicciones de la vida. Amén.

Día Quinto

     Misericordioso San Pedro de Alcántara, tan solícito siempre por las necesidades de cuerpo y alma de tus prójimos, haznos ver que sin la caridad no seremos discípulos de Cristo ni podremos entrar en el Cielo. Amén.

Día Sexto

     Preclaro adalid San Pedro de Alcántara, que acometiste la gran Reforma de la Orden Franciscana empezando por reformar a fondo la propia vida, haznos mirar hacia dentro de nuestra conciencia, para comenzar allí la reforma que ansiamos ver en el mundo. Amén.

Día Séptimo

     Gran enamorado de Nuestra Señora, San Pedro de Alcántara, que entraste de franciscano en un convento puesto bajo el patrocinio de la Santa Madre de Dios, María Santísima, y designaste con títulos marianos los Conventos por ti fundados, contágianos tu filial e intenso amor a la Virgen, nuestra Madre celestial. Amén.

Día Octavo

     Valiente e invicto amador de la Santa Cruz, San Pedro de Alcántara, que supiste clavarte en ella cada día de tu vida, haznos perder el miedo a la cruz y descubrir en nuestros cotidianos trabajos y sufrimientos las astillas o méritos inmensos de esa Cruz que besamos con devoción Amén.

Día Noveno

     Bendito San Pedro de Alcántara, hijo insigne de la Madre Iglesia, y hoy florón y gloria de la Cristiandad universal, infunde en nosotros un vivo y práctico amor a la Iglesia de Jesucristo, arca de nuestra eterna salvación. Amén.

RESPONSORIO

Soberano Redentor
a quien Pedro sirvió fiel
todo el tiempo de su vida
de modo que detenida
fue vuestra ira por él.

Haced, Dios mío, el favor
de que sea concedida
nuestra súplica rendida
por su mérito y tu amor.

Pues a Teresa, Señor,
disteis palabra cumplida
de que, el que en su nombre pida
todo lo obtendría de Vos.

Haced, Dios mío el favor...

Rogad, Pedro, por nosotros
a la divina Bondad,
para que así consigamos
su soberana Piedad. Amén.

ORACION FINAL

     Ruega por nosotros, San Pedro, de, Alcántara. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

     OREMOS: ¡Oh Dios y Señor, que te dignaste ilustrar al bienaventurado San Pedro de Alcántara, tu confesor, con el don de penitencia admirable y contemplación altísima! Concédenos propicio que, apoyados en sus méritos, y mortificados en la carne, merezcamos ser participantes de los celestiales dones y alcanzar la gracia que os pedirnos en esta novena. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.